Cuando el PSG levantó la Champions League en Múnich y cobró más de 144 millones de euros en premios, un porcentaje de los ingresos del torneo ya había sido reservado para clubes que jamás disputarán un partido de la competición. Son los pagos solidarios de la UEFA: el dinero que no sale en televisión, el mecanismo a través del cual los miles de millones que genera la Champions League llegan, en cantidades mucho más modestas, a clubes de tercera división en Islandia, academias juveniles en Serbia y proyectos de infraestructura en Chipre.

Este artículo explica cómo funciona el sistema de pagos solidarios, por qué crecieron un 76% en la temporada 2024/25 y qué impacto real tienen en los clubes que los reciben.

Cómo funciona: de los €4.400M al cheque que recibe un club de tercera división

El mecanismo de pagos solidarios se integra en el sistema general de distribución de ingresos de la UEFA. Según el informe financiero de la UEFA para la temporada 2024/25, los ingresos netos distribuidos entre clubes alcanzaron los 3.580 millones de euros, de los cuales el 93,5% fue a los clubes participantes en competiciones europeas y el 6,5% restante fue retenido por la UEFA para gastos operativos, desarrollo del fútbol y, precisamente, pagos solidarios.

Los pagos solidarios se canalizan a través de las federaciones nacionales, que actúan como intermediarias entre la UEFA y los clubes de sus respectivos países. El importe que recibe cada federación depende de varios factores: el número de clubes registrados en su estructura, la categoría del programa de desarrollo al que se destinan los fondos y el cumplimiento de requisitos administrativos establecidos por la UEFA. Las federaciones, a su vez, distribuyen el dinero entre los clubes no participantes en competiciones europeas según criterios que varían por país: algunos priorizan las categorías profesionales inferiores, otros destinan una parte significativa a fútbol base y formación.

El recorrido del dinero es largo: desde los ingresos televisivos de un Bayern Múnich – Real Madrid emitido en horario de máxima audiencia hasta la cuenta bancaria de un club regional que utiliza esos fondos para renovar el césped de su campo de entrenamiento. La distancia entre ambos extremos es enorme, pero el mecanismo existe y ha crecido de forma significativa con cada ciclo de derechos televisivos. Es importante distinguir los pagos solidarios de los pagos por participación: mientras que un club que compite en la Champions recibe decenas de millones directamente de la UEFA por cada partido disputado, los pagos solidarios llegan a clubes que no han jugado ni un solo minuto en competición europea. Es dinero redistributivo puro, y su existencia refleja una decisión consciente de la UEFA por vincular los ingresos de su producto estrella con el desarrollo del fútbol en todo el continente.

De €175M a €308M: por qué los pagos solidarios crecieron un 76%

La cifra más relevante de la temporada 2024/25 en materia de solidaridad es el salto de 175 millones a 308 millones de euros, un incremento del 76% respecto al ciclo anterior. El crecimiento se explica por dos factores principales.

El primero es el aumento general de ingresos vinculado al nuevo formato de la Champions League. La fase de liga con 36 equipos y 189 partidos generó un volumen de derechos televisivos y comerciales significativamente superior al del formato anterior con 32 equipos y 96 partidos de fase de grupos. Más partidos significan más emisiones, más patrocinio y, en consecuencia, una base de ingresos mayor de la que extraer la proporción destinada a solidaridad.

El segundo factor es una decisión política de la UEFA. El organismo incrementó el porcentaje destinado a pagos solidarios como parte de un acuerdo más amplio con las federaciones nacionales y los clubes menores, que habían criticado durante años que el crecimiento de los ingresos de la Champions beneficiaba desproporcionadamente a los clubes participantes. La presión de ligas como la polaca, la griega o la nórdica, cuyos clubes rara vez acceden a la Champions pero cuyas federaciones contribuyen al ecosistema del fútbol europeo formando jugadores y arbitrando partidos clasificatorios, fue determinante para que la UEFA aceptara un incremento sustancial. El aumento del 76% no equilibra la brecha — los 308 millones de solidaridad palidecen frente a los más de 3.000 millones distribuidos entre los clubes que compiten en el torneo —, pero representa el reconocimiento explícito de que la Champions League tiene una responsabilidad con el ecosistema futbolístico más allá de sus treinta y seis participantes directos.

El impacto real: ejemplos de qué hacen los clubes menores con ese dinero

Para un club de Primera División española o de la Premier League, los pagos solidarios son una cifra marginal que apenas aparece en sus cuentas anuales. Pero para un club de la segunda o tercera división de un país con una liga modesta — Chipre, Islandia, Luxemburgo, Malta —, el cheque de la UEFA puede representar un porcentaje significativo de su presupuesto anual.

Los usos más habituales de los fondos solidarios incluyen la mejora de infraestructuras deportivas (campos de entrenamiento, vestuarios, iluminación), la financiación de programas de formación para jóvenes jugadores, la contratación de entrenadores cualificados para categorías inferiores y, en algunos casos, la cobertura de gastos operativos básicos que garantizan la supervivencia del club. En países donde el fútbol profesional genera ingresos mínimos por taquilla y derechos televisivos, la aportación de la UEFA funciona como un subsidio que permite mantener una estructura que, sin ella, difícilmente sobreviviría.

La efectividad del sistema depende de la transparencia de las federaciones nacionales, que actúan como intermediarias y tienen la responsabilidad de garantizar que los fondos lleguen a su destino. La UEFA exige informes de seguimiento, pero la capacidad de auditoría varía entre países, lo que genera disparidades en la aplicación real del mecanismo. En algunos casos, los fondos solidarios se han utilizado de forma ejemplar para transformar la infraestructura de clubes que no habrían podido financiarlo por sí mismos. En otros, la falta de supervisión ha diluido el impacto hasta hacerlo casi imperceptible.

El dinero que no sale en televisión es, con todo, una de las dimensiones más importantes de la Champions League para el ecosistema del fútbol europeo en su conjunto. Sin los pagos solidarios, la brecha entre los clubes que compiten en la Champions y los que no sería aún mayor, y la base del fútbol continental — las miles de academias, clubes amateurs y estructuras formativas que producen a los jugadores que algún día llegarán a las noches de Champions — carecería de una fuente de financiación que, aunque insuficiente, es mejor que la alternativa de no tener nada.